El día 6 de diciembre se
llevaron a cabo las elecciones para integrar la Asamblea Nacional de la
República Bolivariana de Venezuela y en ese proceso el gobierno de Nicolás
Maduro, del Partido Socialista Unificado, PSUV, sufrieron una dura
derrota política y electoral que los revolucionarios, la izquierda, los hombres
y mujeres progresistas y demócratas, debemos examinarla cuidadosamente, sacar
las mejores lecciones de este revés en el proceso bolivariano de Venezuela,
esclarecer su verdadera dimensión, para la continuación de la lucha en contra
del imperialismo y la burguesía, por el impulso de los procesos de emancipación
social y nacional en nuestros países.
En un primer plano, es
necesario destacar que desde los orígenes del proceso bolivariano, el
imperialismo principalmente estadounidense intensificó una abierta y a la vez
soterrada campaña de ataques, tramas y conspiraciones, violatorias a la soberanía
de ese país, alentando por todos los medios a grupos de derecha internos,
reaccionarios, agentes y mercenarios, para atentar contra ese proceso político
progresista, democrático, de activa participación de las masas populares
–especialmente en la época de Hugo Chávez- y en el que se ganaron importantes
conquistas sociales y se expresaron firmes posiciones soberanas, patrióticas y
nacionalistas.
Esto significaba oponerse al
dominio imperialista, a la hegemonía en el poder de la casta oligárquica que se
había enseñoreado en la escena política y económica venezolana durante décadas.
Se nacionalizaron, estatizaron y expropiaron empresas monopólicas
imperialistas y de la gran burguesía, sus negocios levantados a costa de la
explotación del pueblos; se invirtieron recursos para el desarrollo de la
economía nacional y se emprendieron las “misiones” que iban dirigidas a atender
y mejorar la vida de los trabajadores, campesinos y los sectores populares.
Pero frente a las acciones del
imperialismo y los enemigos internos, frente a las exigencias del pueblo para
profundizar los cambios, se instaló desde el poder un curso reformista
que descuidó el avance de la conciencia y la organización de las masas
populares; se instauraron una serie de políticas asistencialistas y
clientelares, abandonando las promesas con las que llegaron al poder, sin
adoptar medidas serias que conduzcan a una verdadera transformación del país,
ni garantizar la profundización de las conquistas políticas y sociales
que eran urgentes y necesarias.
La llamada “revolución
bolivariana” se inspiró en el famoso “socialismo del siglo XXI”, cuyas
formulaciones erráticas, sin un claro contenido a favor de las clases
oprimidas, se aplicó en el quehacer de grupos y sectores que se formaron en al
ámbito administrativo, económico y militar de quienes se hallan a la cabeza de
ese gobierno y que en los hechos, no lograron representan fidedignamente las
verdaderas aspiraciones de los trabajadores y de los pueblos, sus sentidos
anhelos de cambio, sino que han defendido inmediatas ambiciones de grupo.
Para nadie es desconocido que
muchos de esos grupos han caído en prácticas de corrupción, dándole la espalda
a las sentidas aspiraciones populares, interfiriendo o desviando el curso de
programas y acciones que tenían esos propósitos, lo que junto a la labor
incesante de la derecha reaccionaria, apoyada por la acción del imperialismo,
fermentó el descontento, la desazón y la falta de confianza de los sectores
populares al avance del proceso social, que no ha tenido una clara y
consecuente posición de izquierda y en el que la política reformista está
presente en la conducción de ese mismo proceso.
Estos elementos, entre otros,
constituyen la causa principal de esta derrota, que para la visión de los
pueblos generalmente es vista como una derrota de la revolución, de la
izquierda, del socialismo y que la reacción anticomunista se aprovecha de ella
para favorecer sus retardatarios intereses, del imperialismo, la burguesía y de
todos quienes se oponen al progreso social.
Con este motivo, la campaña
anticomunista en contra de la revolución y el socialismo, se intensifica, la
labor de confusión de los círculos imperialistas y de los
contrarrevolucionarios derechistas trata de cobrar fuerza, cuando se señala que
los regímenes llamados alternativos son de “izquierda”, “socialistas” como en
el caso del gobierno de Correa o de Dilma Rousseff, de Cristina Kirschner, para
tratar de anotarse s una victoria contra la revolución y el socialismo, contra
la izquierda y sacar ventaja de ella para sus designios antipopulares y
antinacionales.
La derrota de las elecciones
legislativas en Venezuela, de hecho son un duro golpe para un proceso
progresista, democrático, pero vale entender y difundir que las consecuentes
posiciones de izquierda y revolucionarias, guardan distancia en sus
concepciones y prácticas a las del reformismo y el oportunismo, y que las
aspiraciones de los trabajadores, la juventud y los pueblos, deben ser
conducidas por un rumbo que, combatiendo esas posiciones, aclarando con la
verdad y la práctica revolucionaria, es preciso continuar en la lucha contra el
imperialismo, la burguesía, el reformismo y los oportunistas.
Tenemos confianza que de esta
derrota se deben sacar valiosas lecciones que nos permitan a los verdaderos revolucionarios
rehacer en Venezuela y en nuestros países, los procesos de emancipación.
En el Ecuador, se levanta
vigorosa la Oposición Popular a un gobierno que nada tiene de revolucionario,
de izquierda, ni de socialista, sino que sirve a los intereses de los
monopolios y de la burguesía. La movilización, la protesta y la indignación
crecen, con el empuje de los trabajadores y de los pueblos que buscan labrar su
propio destino, siguiendo un camino independiente, propio, que les lleve con su
unidad, lucha y organización a construir un Ecuador diferente, de bienestar
verdadero para las mayorías.
PARTIDO COMUNISTA MARXISTA
LENINISTA DEL ECUADOR
Diciembre 8 de 2015.
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